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Habilidades sociales
“Todo el mundo piensa en cambiar a la humanidad, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo” – Leon Tolstoi
Esta semana almorcé con unos compañeros del Ejército. Así es, estuve en el Ejército de Colombia y me siento orgulloso de ese paso. Primero porque tuve todas las posibilidades para no estarlo, segundo porque prestar este servicio me hizo ver muchas cosas que de otra forma no hubiera visto y tercero, porque hice amigos que en ningún otro lugar del mundo se hacen.
Otro día con gusto me siento a contarles como es eso de andar en el Ejército jugando al soldado, claro que luego de haber leído el artículo de Kienyke, siento que mi experiencia fue lo más cercano a la guerra frente a lo que va a vivir Esteban Santos (¿Aire acondicionado? ¿Entrevista a las familias de los compañeros? ¿Levantarse a las 5am? ¿Acostarse a las 10:30pm?).
Bien, el caso es que estuve con estos amigos de la vida y uno de ellos me contó que su hija este año en el colegio va a ver un curso de habilidades sociales. PLOP! Y entonces mi cerebro empieza a pensar: “¿Cómo así? ¿Luego el ir al colegio no es de por si un curso de 13 años de desarrollo de habilidades sociales?” El colegio es cruel, quizás puede ser hasta más cruel que el mismo servicio militar, pero es un lugar perfecto para el desarrollo de habilidades sociales.
Este tema me llamó la atención y me puse a pensar en qué habilidades sociales que yo haya podido adquirir en el colegio considero que han sido relevantes a la hora de formarme como ser humano. Siento que lo primero que he tenido que desarrollar para coexistir en esta sociedad es un amplio sentido del compañerismo. Esto me lo inculcaron desde el jardín infantil, pero el compañerismo se acrecienta en la adversidad y fue determinante para haber estado en el ejército.
Cuando uno está en la misma situación que otras personas, en donde, por ejemplo, hay que caminar durante la noche al borde de la deshidratación a uno se le tiene que despertar la vena del compañerismo. El compañerismo se hace más puro cuando uno puede ofrecer ayuda a alguien que en realidad la necesita. Ser un buen compañero me ha garantizado tener buenas relaciones sociales. Obvio que no las tengo con todos los que interactúo y que a veces fallo pero bueno, estoy dispuesto a superarme.
La segunda habilidad que nombraría es el trabajo en equipo. Quizás también la haya desarrollado desde el jardín infantil y por más de que a veces me cuesta, siento que es algo que le da a uno habilidades sociales sin parar.
Tener la capacidad de sentarse a hacer parte de un equipo, bien sea de estudio, deportivo, de trabajo o de lo que sea, le permite a uno tener la capacidad tanto de dirigir como de ser dirigido.
El trabajo en equipo requiere que uno se remangue y haga cosas que quizás en circunstancias individuales no haría. El trabajo en equipo es muy valioso porque hace que en algunos casos uno sacrifique intereses personales por los del grupo.
En tercer lugar diría que una habilidad social es la conexión entre las personas. No hablo de conectividad. Conexión es sentarse a poder escuchar a una persona, mirarla a los ojos, entenderla y quizás ser capaz de estar en el puesto de ella. La conexión es opuesta a la conectividad. La conectividad castra la conexión. Estamos en una sociedad en donde somos buenos conectivamente pero nos hace falta más conexión. Salimos a comer y estamos en el chat. Vamos a cine y estamos en el chat. Nos montamos en el carro para ir de paseo y nos pegamos los audífonos para no oír a los demás.
El sábado por la noche salí a comer con unas amigas y no miré el celular en toda la comida. Estar conectado a ellas, escuchándolas, comentando acerca de las diferentes historias me hizo sentir felizmente conectado a sus vidas. Últimamente apago el celular sólo para poder estar más conectado incluso conmigo mismo.
No todos podemos tener las mismas habilidades sociales. Lo importante es que cada uno desarrolle individualmente las suyas. Adquirir habilidades sociales en una clase es posible, por qué no, pero siento que las auténticas habilidades sociales se adquieren de manera instintiva, en un patio de recreo, en un grupo de teatro, en un equipo de fútbol o en clases de arte, en cualquier espacio que le permita al ser humano interactuar con los de su especie.
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