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Hay una gran dosis de soledad, al menos en los primeros días, al ser practicante. Algunas empresas tienen programas de inmersión, bienvenidas y acompañamiento, pero la gran mayoría de practicantes llegan a un entorno desconocido en donde ni con su nombre cuentan porque se les presenta como “el practicante”. Una alternativa para reducir la ansiedad que produce esos primeros días de soledad es asistir a los eventos programados por el departamento de recursos humanos y empezar a establecer relaciones.
Otra alternativa es buscar amigos o conocidos que trabajen o en la misma empresa o cerca de su lugar de trabajo. Eso puede ser útil para salir a almorzar o tener algo de esparcimiento en las tardes una vez termine la jornada laboral. Por último, la mejor alternativa es gozarse esa soledad en calma, prestando atención y observar cómo transcurre la vida de la oficina. Entender bien el entorno en el que se encuentra es parte del arte de hacer una buena práctica laboral.
Una recomendación para quienes tienen practicantes a cargo, es que no se olviden de ellos, que recuerden cómo se sintieron en su primer día de trabajo y desde ahí traten de crear el que es un ambiente deseable para alguien que está empezando el camino laboral.
Algo que yo hacía cuando teníamos un practicante nuevo en el área a mi cargo era programar almuerzos con él, o ella, en la primera semana de trabajo. Eso me ayudaba a conocer mejor a esta persona y a explicarle más acerca de la empresa, el área y el trabajo. Salir a almorzar con otras personas del equipo puede ayudar a sentirse más a gusto y a reducir esa soledad característica de los primeros días de trabajo.
Si usted es jefe de un practicante, organice al menos un espacio semanal de acompañamiento en donde pueda saber cómo está esa persona y qué puede hacer usted para hacer de la práctica laboral un espacio interesante y de crecimiento. Póngalo en contacto con la persona más senior de su área y que de alguna forma exista una formación dirigida en donde el nuevo miembro del equipo se sienta acompañado, dirigido y protegido. Recuerde que la soledad en esos primeros días es abrumadora y ese acompañamiento juega a su favor.
A veces toca empezar desde el principio y por eso sugiero que le enseñe a hablar. Este consejo le parecerá ridículo, pero muchas veces la mayoría de practicantes teme equivocarse porque vienen condicionados de la vida académica en donde un error se paga con notas bajas y sienten o piensan que un error en el trabajo significa ser despedido, de ahí que les da miedo hablar y decir que cometieron un error.
Puede que no sea despedido, no imagino despedir a un practicante porque comete un error (¿Qué clase de responsabilidad le asignaron a una persona sin experiencia? pero bueno, casos se ven). Sin embargo, debe saber que, primero, si comete un error, lo mejor es hablar inmediatamente con su jefe directo para entre los dos diseñar mecanismos que eviten que eso vuelva a ocurrir.
Segundo, se le debe dar la confianza de hacerlo, porque si, por ejemplo, se burlan de él o lo critican por eso, perderá la confianza en hablar del tema y en reconocer sus errores. Por último, también debe saber que todo error que se comete implica un costo y debe venir acompañado de soluciones que el mismo practicante plantee. De esta forma se está formando a esta persona para que sea responsable de sus actos y proactivo al plantear soluciones, yendo más allá de la simple falta.
Si usted es practicante y su jefe vive ocupado (porque los jefes viven ocupados) busque la forma de acompañar y ofrecer ayuda. Si siente que no está haciendo mayor cosa, dígale a su jefe que le ponga tareas. Se trata de ir encontrando el ritmo, el nivel de resistencia que usted tiene y que su jefe vea en qué capacidad puede usted ofrecer ayuda y él delegar responsabilidades. A nadie le cae bien la “mascota del jefe” y evite serlo, pero acercarse lo suficiente a su jefe directo es clave para que lo vayan conociendo y vaya creando su marca personal, eso que lo diferencia.
Recuerde, usted es el practicante, para bien y para mal. Eso quiere decir que no las sabe todas, por lo que perder el miedo a preguntar es su obligación y es lo más serio que puede hacer. Aunque tener iniciativa es muy importante, esta tiene sus límites, así que de vez en cuando, pare y pregunte. Mi primer jefe me decía: “Ante la duda, abstente” y fue uno de los consejos más valiosos que jamás me han dado.
Parte del arte de hacer una linda práctica, es complementar el aprendizaje y ponerlo en práctica. Me causa mucha curiosidad algo que escucho de empleadores cuando de practicantes se trata: el practicante no sabe nada de la vida laboral. Para eso se creó la práctica, para practicar…si ya supieran no harían una práctica. Las universidades no necesariamente forman para el hacer (es algo en lo que desde las universidades debemos mejorar) sino para el pensar.
Por ejemplo, usted pudo tomar una materia de valoración de empresas en la universidad y si entra a una banca de inversión muy seguramente allá tendrán sus modelos y su estructura de trabajo. En la entrevista de trabajo cualquiera de sus entrevistadores conoció si usted sabe o no lo básico de valoración. Su jefe no le va a enseñar a valorar una empresa, pero sí le va a entregar un modelo de valoración que usted debe poder intuir de dónde presenta ciertos resultados y que estos le parezcan aceptables. El empalme entre la vida académica -el saber- y la vida laboral -el hacer- es la práctica.
Este es el momento de la vida en donde el estudiante pone en práctica su aprendizaje. El piso desde donde se construye la relación entre empleador y practicante tuvo que quedar claro en la entrevista. La práctica laboral es para poner en práctica el aprendizaje, para examinar lo que se ha aprendido mediante el hacer del mercado laboral. Por supuesto que hay niveles de conocimiento mínimo que el mercado laboral requiere, y esa es una de las responsabilidades de los centros de formación superior, formar personas idóneas para el mercado laboral.
Al poner en práctica su aprendizaje, lo ideal para el practicante es reconocer qué áreas están sólidas y cuáles requieren fortalecerse. Reconocer que no las sabe todas es tan valioso como demostrar lo que sabe. Dejar que vean que usted es capaz de hacer a pesar de su baja experiencia laboral es algo determinante en lo que mencioné anteriormente como la marca personal.
También es determinante, para quienes tienen practicantes a cargo, dejarlos hacer, dejar que propongan y pongan en práctica su aprendizaje. Una gran ventaja es que se trata de gente joven con ideas e iniciativa que a lo mejor aportan en hacer más eficiente un proceso o más agradable el entorno laboral. La gente joven siempre está buscando nuevos retos y esa osadía bien canalizada es clave a la hora de lograr cambios y mejoras en el entorno laboral.
En conclusión, un practicante es una persona clave en una organización porque nutre los equipos con su conocimiento, pero también con su ingenuidad y nuevas ideas. El cargo de practicante necesita ser visto como uno en donde alguien nuevo viene a evaluar que tal es la empresa en la que estamos. Quienes se queden, nos colaborarán en el futuro crecimiento de la empresa y quienes se vayan nos están diciendo algo, a lo mejor no de la empresa, pero sí de un departamento o de quien lo dirige.
Ser practicante es muy valioso e importante en nuestro camino de desarrollo laboral porque nos ayuda a definir ciertos rasgos de nuestra personalidad laboral y esos rasgos determinarán gran parte de nuestro camino profesional. Seguro dejé de tocar varios temas muy valiosos acerca de esto, pero espero haber expuesto algunos de los más relevantes. Si desea conocer cuatro consejos fundamentales para una buena práctica laboral, le invito a que vea el video que realicé sobre los concejos para una excelente práctica laboral. Gracias por leerme y por estar acá. Mis palabras honran su tiempo.
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